El Espejo en el Espejo: Un laberinto (III). El gran desencuentro

Continúa la ruta por el laberinto que es “El espejo ante el espejo”, sombrío catálogo de los mitos y obsesiones de Ende. Me he dado cuenta de que, faltando a mi propia metodología, en el post anterior llamé “Teseo” al que había sido “Ícaro”. Mi hipótesis de trabajo es que vienen a ser el mismo personaje-arquetipo, pero el segundo es el ingenuo aspirante a héroe -antes de haber sido quebrantado y de haberse manchado las manos de sangre-, y el segundo el violento, el que ya la ha derramado. Los seguiré llamando así. There be spoilers.

11. VOLVER A CASA

Otro sueño de gran belleza que me recuerda al modo de describir a Atreyu: tenemos a un peregrino, a un fugitivo, que ha sido un letal “cazador de ángeles”, es decir un exterminador de la maravilla, y ahora quiere volver a casa. Este personaje es el héroe decepcionado, Teseo, y es cojo: más adelante veremos que el bombero perdió la pierna en la explosión de la catedral. Todo el relato tiene un aire de nostalgia de la infancia, de la maravilla, “no soy el que era, no puedo regresar”.

En la oscuridad, el cazador sabe que debe “crear el mundo para que exista” (imaginarlo, de nuevo el soñador hecho mago), y lo imagina: un bosque, el cielo, una gran mujer gris que hace las veces de lejana cordillera: lo mismo que el encuentro con Hor ha resultado no ser una gesta heroica, sino un asesinato, el encuentro con Ariadna, la amada ideal, ha resultado ser el grosero abajamiento de Ío, presente ahora en el horizonte. La casa está junto a un puente, hay dos embozados, la conexión temática con el “mundillo privado” hay que buscarla en la soberbia y el rechazo del ideal que han llevado a las respectivas caídas: el cazador quiso hacerse un “hombre importante”, y ahora su mundo está desencantado, privado de maravilla: la casa -hecha de puertas, como el templo de la Historia Interminable- está llena de ratas, y él no es capaz de “hacerse pequeño” para entrar -después de convertirse en el sombrío Emperador por un mecanismo similar, Bastian necesitó pasar ese proceso con doña Aeiuola-. La descripción está llena de nostalgia de la maravilla.

Y el resto de la descripción tiene también mucha poesía. Al cazador le acompañan un zorro y un lobo, al modo de animales heráldicos, y son ellos los que se lanzan a por las ratas y libran por él el combate sangriento y doloroso, como Bastian y Fúyur por Atreyu. Uniéndose a ellos, con “luz de alas”, es como el hombre cojo recupera finalmente el hogar.

12. EL PUENTE INEXISTENTE

El siguiente relato recupera el tema del espejo. A un lado del abismo vive una población que ha construido un puente hasta su mitad, y tienen como artículo de fe que no se puede alcanzar el otro lado. El relato da a entender, no obstante, que al otro lado hay una población exactamente igual y con el mismo principio, y luego hace avanzar el chiste: hay dos grupos, unilaterales y ortodoxos, que explican de modos distintos por qué al otro lado del puente no hay nada, el que camina al otro lado sigue allí, pero se le considera muerto, hay intercambio comercial e incluso bodas en las que se finge que te estás desposando con nadie en absoluto.

El relato es breve, porque la broma da hasta donde da, pero muy ingeniosa, y tiene dos elementos temáticos interesantes: el puente, que viene de la historia anterior, y la boda entre dos personas que nunca se alcanzan: la idea es que, estando Ariadna mezclada de ideal o sueño, el auténtico encuentro es imposible. Eso, desde luego, tiene su punto en la fantasía y el mito -nos inspiran porque evocan la lejanía y el misterio, pero como en el “Surprised by joy” de Lewis, alcanzar unas colinas guiado por el Dulce Deseo lleva a sentirlo de nuevo hacia otras colinas, porque lo que se desea no puede encontrarse en esta tierra-. Cuando Bastian llegó a la Torre de Marfil, trató de taladrarla y alcanzar a la Emperatriz, pero ella había desaparecido.

No obstante, aplicada al matrimonio y el noviazgo la imagen tiene un segundo elemento de desesperanza (aparte de la del ideal heroico, quiero decir), porque pasa por alto la dimensión de mutuo complementarse y afirmarse que se da en la unión del hombre y la mujer. Quizá haya en ella siempre algo de inalcanzable y, al contrario, también algo demasiado práctico, concreto, corporal y terreno que uno nunca hubiera imaginado al soñar el ideal. Pero ese mutuo hacerse crecer también existe, y es en sí mismo un encuentro.

13. EL CUARTO DE MEDIODÍA

Nuevas cotas de surrealismo, insistencia en el tema anterior: el cuarto de mediodía es una habitación que contiene un desierto inmenso, en el que un hombre sin rostro guía al reacio novio -“eh, oiga, mi novia es guapa, ¿verdad?”- a casarse por fin. El hombre sin rostro le ha advertido que el atajo es el camino más largo, pero el novio insiste en ir por él. Y el camino se hace largo, el novio quiere dejarlo, pero se le espera, el hombre sin rostro continúa guiando e insistiendo cada vez que el novio se lamenta, hasta que su traje se rasga y él se convierte en un anciano. Cuando llega finalmente, la novia espera, ilusionada, pero no a él, sino que parte con el hombre sin rostro hacia la otra puerta, donde piensa que le espera el novio. Allí, al salir, vio él precisamente antes de salir a una anciana que vestía los restos de un traje de novia. “¡Qué guapa es! Quizá me encuentre al llegar a la otra puerta”, piensa el novio-anciano. Pero no será así, porque como nosotros sabemos, la naturaleza del espejo impide el encuentro.

El novio es Ícaro otra vez, un joven ingenuo deslumbrado por el brillo del amor y marcado por la tragedia: el encuentro es imposible, la mujer es una luz inalcanzable -y, como se ve aquí, también es así a la inversa- y todo enamoramiento es un deslumbramiento que lleva a la caída sorda salvo que se sueñe un sueño nuevo, siendo parte de la esencia del soñar que lo soñado sea inalcanzable.

En resumen, nuestro mezquino compañero vuelve a perderse en las ilusiones, el sabio guía -Hor como maestro, Ende- trata de sacarle de ellas severamente y sin éxito (hemos visto eso mismo en el cuento del “mundillo privado”), y Ende vuelve a reírse de nuestra locura. Estamos apañados, efecto desesperado del espectáculo que nunca empieza por faltar la Palabra. Y no obstante, como defendí el ideal heroico, defiendo ahora el ideal romántico vivo y concreto, a pesar de los pesares, de las complejidades, las distancias y las sombras.

14. LA FIESTA DE LAS VELAS

Este relato está lleno de colorido. Hay una boda -conexión, la boda esperada e imposible del relato anterior- y una fiesta de bodas y velas de mil colores, que brillan y bailan en un escenario onírico también hecho de velas con gran frenesí, hasta que todo, como es lógico, se deshace y desaparece. Pero, se nos dice, ¡fue una gran fiesta!

15. EL PATINADOR

Llevamos bastante tiempo con Ícaro, y volver a Hor siempre tiene algo de alivio -porque Ende escribe con menos amargura. Aquí el cielo está helado, la gente está helada abajo -paralelos, el espejo ante el espejo- y dedicada a sus cosas y un patinador invertido va aquí y allá por el cielo. Se trata de Hor, naturalmente, el funambulista, el artista: lo que está trazando en el cielo es la palabra que devolvería la unidad al mundo en el marco de un espectáculo bello. Pero nadie mira al cielo, nadie se fija. El artista, la maravilla y el sentido pasan inadvertidos ante la multitud mediocre.

16. EL SEÑOR DE LETRAS

Y aquí otro relato breve, el último que voy a criticar hoy. El “señor de letras” -no se trata de su carrera, sino de que está hecho de letras- va con su novia a la verbena, pero no quiere disparar con la escopeta de feria, porque por algún motivo -el espejo- sería dispararse a sí mismo. Y duda y duda hasta que su novia se va con el carnicero, tras lo cual el señor de letras se nos deshace. “Para eso podría haber disparado, ¿no os parece?”

Este es un poco más confuso. La novia -conexión con lo de antes tras el paréntesis de Hor- podría ser la mujer superficial que escoge a Teseo el violento y deja atrás al pobre artista porque no se mete al negocio heroico. O quizá el carnicero es sólo la forma de encadenar con otro relato, y lo que tenemos aquí es el mundillo privado, el tipo falto de arrojo que se aferra a lo que tiene hasta que se disuelve como se disuelven todos los sueños. O quizá es una visión más patética del hombrecillo sabihondo e iluso que se topa con un dilema imposible. En cualquier caso, vaya palo, colega.

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